
Las almas más grandes son capaces de los mayores vicios, como de las mayores virtudes.

Las ciudades se desvanecen, se pueden destruir, se pueden sepultar… Pero hay algo que es inefablemente no cambiante, que es nacer.

El verdadero acto del descubrimiento no consiste en salir a buscar nuevos paisajes, sino en aprender a verlos con nuevos ojos.

Cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender.

Fumar es indispensable si uno no tiene nada que besar.

No sé si soy creyente; cuando le preguntaban eso mismo a mi padre, él repondía, en broma, que era dudante.

Si la censura y las prohibiciones son más visibles, es que, en realidad, están ocultando una debilidad secreta y un cinismo de desesperación.

Pregunta por lo permanente, no por la mera excepción. Sorpréndete por el Sol, no por el eclipse. Maravíllate menos por el terremoto, y más por la Tierra.

No todo lo que puede ser contado cuenta, y no todo lo que cuenta puede ser contado.

Antes de hablar, escucha. Antes de escribir, piensa. Antes de herir, siente. Antes de rendirte, intenta. Antes de morir, vive.

Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo.

A veces creo que hay vida en otros planetas, y a veces creo que no. En cualquiera de los dos casos, la conclusión es asombrosa.

El verdadero soldado no lucha porque odia lo que tiene en frente, sino porque ama lo que tiene detrás.

Donde hay poca justicia es un peligro tener razón.

El molde de tu vida está en tus manos para romper.